Comienzo esta serie de comentarios y reflexiones personales sobre la genialidad y la discapacidad con la pintora y poetisa mexicana Frida Kahlo.
El otro día fuí de compras al Corte Inglés y cual fué mi sorpresa al ver en la sección de Hogar toallas, manteles y edredones con la cara de Frida Kahlo. Mi ídolo desde la adolescencia y una de las mujeres más influyentes del siglo XX, se ha convertido en un icono más de esta cultura de masas tan intrascendente y trivial.
Incluso ya forma parte del subconsciente colectivo. Su vestimenta tan peculiar, con las flores en el pelo y una calavera, es una parte ya de nuestra tradición de disfraces de Halloween.
Pobre niña que con 6 años tuvo poliomielitis y arrastró las secuelas de por vida.
¿Qué pensaría?
¿Se estará revolviendo en su tumba?
Frieda Kahlo
Magdalena Carmen Frieda Kahlo y Calderón nació en Coyoacán, un barrio de Mexico D.F. en la actualidad, el 6 de julio de 1907 en la denominada «Casa Azul» hoy museo dedicado a ella y murió el 13 de julio de 1954 en esta misma casa.
Para los mexicanos es un privilegio nacer, vivir y morir en el mismo sitio.
Sus cenizas descansan en una urna de apariencia precolombina en su habitación de esta casa museo.
Su color azul proviene de la ancestral tradición mexicana de ahuyentar a los malos espíritus. Ella misma ordenó pintar su casa de este color.
Hija de un migrante y fotógrafo alemán de ascendencia judia, Guillermo, y una mexicana, Matilde, de ascendencia indígena, tuvo otras 3 hermanas, Matilde, Cristina y Adriana.
A la edad de 6 años contrajo el virus de la poliomielitis.
Fué el principio del dolor físico que tuvo que aguantar toda su vida. A pesar de la fisioterapia y el deporte que hizo, siempre bajo la tutela de su padre, su pie derecho quedó deformado y su pierna más corta y delgada.
De clase media acomodada, en 1922 terminó sus estudios en el Colegio Alemán e ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria con intención de estudiar Medicina. Allí se unió al grupo de los Cachuchas de ideología socialista/nacionalista en la linea del ministro de Educación José Vasconcelos, cuyo líder Alejandro Gómez Arias se convirtió en su novio. Ya nunca abandonaría las ideas revolucionarias y comunistas.
En esta época empezó a pintar con los utensilios que tenía su padre y empezó a colaborar con un amigo de su progenitor que tenía un taller de grabación y estaba impresionado con el talento de Frida con el dibujo.
Un día de septiembre de 1925 cuando regresaba de la escuela con su novio en el autobús, un tranvía se empotró lateralmente contra él.
Frida sufrió daños en cuello, brazo, columna vertebral, pelvis y pie derecho. Nunca se recuperó del todo.
Se sometió a 32 operaciones y nunca pudo ser madre.
Incluso tuvo que operarse cuando se le clavó en una nalga una aguja cuando un día se cayó en la habitación de su casa.
A partir de este suceso su vida tuvo largos períodos de convalencencia, dolor, discapacidad y enfermedad.
Y esta época fué cuando empezó a volcarse más en la pintura en los largos intervalos de tiempo que tuvo que pasar encamada.
El dolor físico ya siempre fué su «fiel»compañero.
Cuando tenía 22 años se casó con el muralista Diego Rivera, el pintor más famoso de México, a pesar de la oposición de sus padres. Diego era 20 años mayor que ella y sólo tenía 2 «ilusiones» en la vida, la pintura y las mujeres.
Cuesta no pensar que vió Frida, tan frágil, elegante y esbelta en Diego, que tenía unos cuantos kilos de más y parecía un «elefante».
Frida sufrió lo indecible con este segundo asunto. Incluso él tuvo un romance con su hermana pequeña Cristina.
A partir de este hecho Frida cambió su percepción del matrimonio y empezó a tener amantes de ambos sexos.
Cuando acogieron a León Trotsky y a su mujer en su casa; Frida tuvo un «affaire»con él.
A pesar de la relación, hoy la llamaríamos «tóxica» de ambos, sus dos matrimonios y un divorcio, Diego fué la única persona que estuvo con ella hasta el final.
Dijo una vez: «Sufrí dos accidentes en mi vida, uno en el cual el tranvía me arrolló y el segundo fué Diego. Uno me dejó inválida físicamente y el otro moralmente».
Sus 200 obras pictóricas la convirtieron en la pintora mexicana más famosa hasta el día de hoy. Sus pinturas nos hablan de su vida, de sus desilusiones, de sus medicamentos y operaciones, de su dolor físico y moral, de sus abortos, de las infidelidades de Diego, del país que estaba construyéndose después de la Revolución y de la influencia de EE.UU.
Sus lienzos son el reflejo también de su personalidad tan sensible, peculiar y repleta de símbolos y metáforas.
Nadie habia plasmado nunca en un lienzo la desgarradora experiencia de un aborto, por ejemplo.
Sigue siendo una seña de identidad su fino bigote y sus pobladas cejas como signo de sus raíces indigenas y su propia afirmación de la identidad femenina, movimiento que se estaba consolidando ya a mediados del siglo XX.
Algunas obras destacadas:
-Las dos Fridas- Este cuadro lo realiza tras el divorcio de Diego. En él aparece una Frida de raíces indigenas, de la que se enamora Diego y una Frida europea o victoriana como pintora independiente y reconocida. El corazón se desangra literalmente.
-Henry Ford Hospital- Este lienzo plasma de forma muy gráfica el primer aborto natural que tuvo en 1932 cuando acompaño a Diego a Detroit a realizar un mural para un museo de la ciudad.
-La columna rota…Este cuadro es un grito desesperado de dolor físico y de tisteza infinita. En él aparece Frida con la columa rota y sujetada por un corsé metálico. Hay clavos por todo su cuerpo. Uno más grande en el corazón.
Ella decía que su pintura no era surrealista porque no pintaba sueños sino su propia realidad. El movimiento surrealista y André Breton quisieron incluirla en su grupo cuando viajó a París en 1934 para participar en una exposición colectiva en una galería.
Esto es lo que opinaba Frida en una carta a su amigo y fótografo Nickolas Muray, que por cierto supo captar toda la esencia de Frida en unas fotografías maravillosas.
«No imaginas lo …joputas que son esta gente, me hacen vomitar. Son tan condenadamente intelectuales y degenerados que ya no les aguanto más».
Aunque no fué muy exitosa esta exposición, poco después el Louvre adquiría uno de sus autorretratos, El Marco. Fué la primera pintora mexicana en exponer en este prestigioso museo. Actualmente este cuadro se puede ver en el centro Pompidou en París.
Falleció cuando tenía 47 años, después de la amputación de su pierna derecha por una gangrena, y por posteriores complicaciones.
Ya presentía su trágico final y en uno de sus últimos escritos en su díario da pavor la clarividencia de estas letras: «Espero alegre la salida y espero no volver jamás».
Como no se le realizó autopsia ninguna algunas fuentes especularon con su suicidio en esta época de su vida ya que su estado físico estaba muy deteriorado, sufría de constantes dolores y ya no podía caminar.
¿En qué reside la genialidad de Frida?
En que toda su vida, su vida entera la plasmó en sus lienzos.
Ella misma lo expresa en su diario:
«La pintura ha llenado mi vida. He perdido 3 hijos y otra serie de cosas que hubieran podido llenar mi horrible vida. La pintura lo ha sustituido todo. Creo que no hay nada mejor que el trabajo.»
Y algo fundamental que me sorprende cada día…Nunca dejó de hacer lo que le apetecía. A pesar de su discapacidad, limitaciones, dolor y enfermedad llevó la vida que quiso tener. Siempre «adaptó» y aceptó sus «límites» y siguió pintando aún estando en la cama, acudiendo incluso encamada a la primera exposición de su obra en Mexico o a veladas y fiestas…y «aprovechó» su cojera y deformidad en el pie derecho para lucir unos trajes espectaculares y maravillosos de la cultura indígena mexicana, tan presente en su obra, zapatos y joyas precolombinas, que hacían resaltar su belleza … De un defecto físico surgió una identidad propia tan atractiva y única…
Gracias Frida por compartir con todos nosotros tu increíble universo pictórico y humano.
Carmen López